
¿Es seguro el uso del anís (Pimpinella anisum) durante la lactancia? Un enfoque desde la salud natural
En el universo de las plantas medicinales, pocas han sido tan utilizadas y a la vez tan controvertidas como Pimpinella anisum, comúnmente conocida como anís. De uso milenario en la medicina tradicional, sus aplicaciones se han extendido desde el tratamiento de trastornos digestivos hasta el alivio de cólicos en bebés. Sin embargo, su consumo durante la lactancia materna abre un debate que merece atención desde una perspectiva científica y naturalista.
El anís: una planta con historia terapéutica
El anís es una planta perteneciente a la familia Apiaceae, originaria del Mediterráneo y Asia Occidental. Sus semillas se han empleado tradicionalmente como carminativo, antiespasmódico y digestivo. También se ha popularizado en forma de infusiones que se administran a madres lactantes, bajo la creencia de que puede aumentar la producción de leche materna o aliviar molestias en el lactante. Pero ¿qué dice la ciencia al respecto? ¿Y qué precauciones deben tener en cuenta los profesionales del sector natural al recomendar esta planta?
Principios activos: el doble filo del anetol y el estragol
El principal compuesto bioactivo del anís es el anetol, un fitoquímico con propiedades estrogénicas leves, lo que explicaría en parte su uso como galactagogo (sustancia que estimula la producción de leche). No obstante, el anetol no actúa de forma inocua. Su paso a través de la leche materna ha sido documentado, y en concentraciones elevadas puede tener efectos neurológicos adversos en lactantes.
Por otro lado, el estragol, también presente en el anís (y más abundantemente en otras plantas como el estragón), ha mostrado efectos potencialmente cancerígenos en estudios con animales. Aunque la extrapolación a humanos sigue siendo tema de estudio, las autoridades sanitarias como la EFSA (Autoridad Europea de Seguridad Alimentaria) han recomendado precaución en el uso de plantas con alto contenido de estragol en poblaciones vulnerables.
Casos documentados de intoxicación: señales de alerta
Un aspecto preocupante es la creciente documentación de casos clínicos en los que se reportan síntomas de intoxicación en lactantes cuyas madres consumieron infusiones de anís. Según destaca la Asociación Nacional de Profesionales y Autónomos de las Terapias Naturales (COFENAT), algunos de estos casos incluyeron síntomas como letargia, disminución del tono muscular e incluso dificultad para succionar.
Estos signos clínicos podrían deberse a la acción del anetol en el sistema nervioso del lactante, aún inmaduro y particularmente susceptible a compuestos neuroactivos. Aunque no se han reportado consecuencias permanentes en estos casos, sí representan una llamada de atención sobre la necesidad de evaluar cuidadosamente la seguridad de estas prácticas tradicionales.
¿Existe una dosis segura?
Uno de los grandes desafíos en la fitoterapia es la estandarización de las dosis. Mientras que el consumo ocasional y moderado de infusión de anís no representa un riesgo evidente, el problema surge cuando se superan ciertos umbrales —algo que puede suceder con facilidad cuando las infusiones se toman varias veces al día durante semanas o meses.
Las concentraciones de anetol y estragol pueden variar significativamente dependiendo de la procedencia de la planta, la parte utilizada, el método de extracción y la forma de preparación. Esto convierte el cálculo de una “dosis segura” en una tarea compleja y poco fiable sin un control riguroso.
El papel del profesional natural: educación y precaución
Los profesionales del sector natural juegan un papel clave a la hora de orientar a madres lactantes en el uso responsable de remedios tradicionales. La confianza depositada por los usuarios en naturópatas, herbolarios y terapeutas debe ser acompañada por una sólida formación y una constante actualización científica.
En este contexto, la recomendación es clara: no se debe fomentar el uso de infusiones de anís como tratamiento habitual durante la lactancia sin una evaluación previa del caso, información sobre la dosis y una advertencia clara de los posibles efectos adversos. Cuando sea posible, es preferible optar por alternativas más seguras o simplemente recomendar medidas no farmacológicas respaldadas por la evidencia (como la mejora del agarre o el contacto piel con piel para aumentar la producción de leche).
Alternativas seguras: otras plantas y enfoques
Frente a los riesgos del anís, existen otras opciones más estudiadas y seguras para apoyar la lactancia. Entre ellas se encuentran:
-
Fenogreco (Trigonella foenum-graecum): con propiedades galactagogas respaldadas por estudios clínicos, aunque también debe usarse con cautela.
-
Cardo mariano (Silybum marianum): su contenido en silimarina parece tener efectos positivos en la producción de leche.
-
Alimentación adecuada, descanso y reducción del estrés: factores determinantes en la calidad y cantidad de leche materna.
Además, es importante recalcar que muchas veces, la preocupación por la “baja producción” de leche se basa en percepciones erróneas o falta de apoyo, más que en una verdadera hipogalactia.
El valor de la evidencia en las terapias naturales
El caso del anís durante la lactancia es un ejemplo paradigmático de cómo una planta con propiedades beneficiosas puede también representar un riesgo en ciertos contextos. Este equilibrio es inherente a la fitoterapia y exige un enfoque basado en la evidencia científica, el respeto por la tradición y, sobre todo, la seguridad del usuario.
En un mundo en el que lo natural no siempre es sinónimo de inocuo, se impone la responsabilidad de formar y asesorar con rigor. La salud de las madres y sus hijos lo merece.


