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  • ¿Por qué enfermamos más cuando empieza el frío?

¿Por qué enfermamos más cuando empieza el frío?

  • publicado por admin
  • Categorías Bienestar, Blog
  • Fecha 13 octubre, 2026
  • Comentarios 0 Comentarios

Bajan las temperaturas y parece repetirse la misma historia: mocos, tos, dolor de garganta, compañeros que faltan al trabajo y niños que vuelven del colegio resfriados. Pero ¿realmente enfermamos porque hace frío? 

Durante generaciones hemos escuchado frases como “abrígate que te vas a resfriar”, “no salgas con el pelo mojado” o “te has puesto malo por el cambio de tiempo”.  Sin embargo, hay algo importante que aclarar desde el principio: 

El frío, por sí solo, no causa un resfriado. Los responsables son los virus. 

Entonces, ¿por qué cuando llega el otoño aumentan tanto las infecciones respiratorias? 

La respuesta no está en una única causa. Es el resultado de una combinación entre nuestro comportamiento, las condiciones ambientales y la forma en que nuestras vías respiratorias se defienden frente a los microorganismos. 

Primer cambio: nos encerramos más 

Cuando bajan las temperaturas cambia nuestra forma de vivir. Pasamos menos tiempo al aire libre y mucho más en oficinas, colegios, transporte público, restaurantes, gimnasios, centros comerciales y hogares. Y cuanto más tiempo compartimos espacios cerrados con otras personas, mayores son las oportunidades de transmisión de los virus respiratorios. 

Si además esos espacios tienen una ventilación insuficiente, las partículas respiratorias pueden acumularse en el aire con mayor facilidad.  Por eso, una medida tan sencilla como ventilar correctamente los espacios interiores sigue teniendo importancia durante los meses fríos.  

El aire frío y seco también influye 

Aquí encontramos una parte especialmente interesante de la explicación.  Durante los meses fríos disminuye la humedad del aire exterior y la calefacción puede contribuir a generar ambientes interiores más secos. Nuestra nariz y nuestras vías respiratorias no son simplemente conductos por los que entra y sale aire. Constituyen una primera línea de defensa. 

Las mucosas y el sistema mucociliar ayudan a atrapar y eliminar partículas y microorganismos antes de que puedan avanzar por el aparato respiratorio. Cuando el ambiente es muy seco, estos mecanismos pueden funcionar peor. 

Dicho de una forma sencilla: nuestras vías respiratorias también necesitan encontrarse en buenas condiciones para defendernos.  

Algunos virus se encuentran más cómodos en invierno 

Nosotros buscamos el calor cuando llega el invierno. Curiosamente, determinados virus respiratorios encuentran condiciones favorables cuando bajan las temperaturas. Virus como los de la gripe presentan una marcada estacionalidad y circulan especialmente durante los meses fríos. Otros virus respiratorios también muestran patrones estacionales. 

Las condiciones de temperatura y humedad pueden influir tanto en su estabilidad como en su capacidad de transmisión. Por eso, el invierno puede crear una especie de escenario perfecto: más virus circulando, más personas juntas en interiores y unas condiciones ambientales que pueden favorecer la transmisión.  

Entonces, ¿pasar frío no importa? 

Aquí debemos evitar pasar de un extremo al otro.  Decir que “el frío provoca el resfriado” es incorrecto, pero afirmar que la temperatura no tiene ninguna relación con las infecciones respiratorias tampoco refleja toda la realidad. 

Respirar aire frío puede modificar temporalmente las condiciones de las vías respiratorias superiores y existen investigaciones que relacionan las bajas temperaturas y la baja humedad con una mayor incidencia de determinadas infecciones respiratorias. 

Por tanto, probablemente nuestras abuelas no tenían toda la explicación científica cuando insistían en que nos abrigáramos, pero tampoco estaban completamente desencaminadas. 

El abrigo no mata virus, pero protegernos adecuadamente del frío forma parte de nuestro bienestar durante el invierno.  

¿Y nuestras defensas? 

Cuando hablamos de “subir las defensas” debemos tener cierta precaución. Nuestro sistema inmunitario es extraordinariamente complejo y no existe un único alimento, vitamina, planta o complemento capaz de convertirlo de repente en un escudo impenetrable. 

Lo que sí podemos hacer es proporcionar al organismo las mejores condiciones posibles para que funcione correctamente. Dormir suficientemente, mantener una alimentación variada, realizar actividad física, evitar el tabaquismo, controlar el estrés, mantener una hidratación adecuada y corregir posibles déficits nutricionales cuando existan son piezas de un mismo puzle. 

No se trata de buscar una solución milagrosa cuando llega octubre, sino de cuidar el terreno durante todo el año.  

Pequeños hábitos, grandes aliados 

Prepararnos para los meses fríos puede ser mucho más sencillo de lo que pensamos.  Ventilar los espacios cerrados, lavarnos las manos, evitar tocarnos continuamente ojos, nariz y boca, mantener unos buenos hábitos de descanso y alimentación y evitar el contacto cercano con otras personas cuando estamos enfermos son medidas sencillas que ayudan a reducir la transmisión. 

También debemos recordar algo que aprendimos especialmente bien en los últimos años: si estamos enfermos, proteger a los demás también forma parte de cuidarnos como sociedad.  

Este otoño, cambia la pregunta 

Quizá la pregunta no debería ser únicamente:  “¿Qué puedo tomar para no resfriarme?” 

Podríamos sustituirla por otra mucho más completa: “¿Qué puedo hacer para que mi organismo llegue mejor preparado al invierno?” 

Porque la llegada del frío no significa inevitablemente enfermarnos. 

El frío modifica nuestro entorno, cambia nuestros hábitos y coincide con una mayor circulación de determinados virus respiratorios. Comprenderlo nos permite pasar de la preocupación a la prevención. 

Así que este otoño, además de sacar el abrigo del armario, recuerda algo importante:  Ventila. Descansa. Muévete. Aliméntate bien. Hidrátate. Cuida tus hábitos. Nuestro sistema inmunitario trabaja todos los días. Quizá la mejor forma de ayudarlo sea darle menos trabajo y mejores condiciones para hacerlo. 

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Jose Vivas
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