
Etiquetado de alérgenos en alimentos: hacia una comunicación más clara, útil y basada en evidencia
- publicado por Kenia Garcia
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- Fecha 23 marzo, 2026
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En los últimos años, la preocupación por las alergias alimentarias ha crecido de forma significativa, tanto entre consumidores como en la industria alimentaria. En este contexto, España ha dado un paso importante al establecer un nuevo marco de referencia para el uso del etiquetado precautorio de alérgenos en alimentos envasados, apostando por un enfoque más científico, coherente y útil para la población.
Este avance no implica nuevas obligaciones legales, pero sí marca una línea clara: el etiquetado debe ser una herramienta informativa fiable, no una medida genérica utilizada por precaución excesiva.
El problema del “puede contener”: cuando la advertencia pierde valor
Durante años, expresiones como “puede contener trazas de…” se han convertido en un recurso habitual en el etiquetado de alimentos. Sin embargo, su uso indiscriminado ha generado confusión en los consumidores, especialmente en personas con alergias, que a menudo no pueden distinguir entre un riesgo real y una advertencia preventiva sin base concreta.
El nuevo enfoque propone algo esencial: el etiquetado precautorio no debe utilizarse por defecto, sino únicamente cuando exista un riesgo demostrado que no pueda eliminarse mediante buenas prácticas de fabricación.
Esto supone un cambio de mentalidad importante para la industria, que pasa de una lógica defensiva a una basada en datos y evaluación real del riesgo.
De las “trazas” a la dosis: un cambio clave
Uno de los avances más relevantes es el paso de hablar de “trazas” a hablar de dosis reales de exposición. Es decir, ya no se trata solo de detectar si un alérgeno está presente, sino de entender cuánto llega realmente al consumidor en una porción normal de alimento.
Este enfoque permite responder a una pregunta clave:
¿Esa cantidad representa un riesgo significativo para la mayoría de personas alérgicas?
Para ello se utilizan conceptos como la dosis de referencia (RfD), que establece una cantidad considerada segura en la mayoría de los casos. A partir de ahí, se determina si es necesario o no incluir una advertencia en el etiquetado.
Este cambio introduce un criterio mucho más preciso y útil tanto para fabricantes como para consumidores.
Evaluar el riesgo en situaciones reales
La aplicación práctica de este modelo permite analizar escenarios cotidianos dentro de la industria alimentaria.
Por ejemplo, en procesos donde se elaboran distintos productos en la misma línea de producción, puede existir una contaminación cruzada mínima tras la limpieza. En estos casos, no basta con detectar el alérgeno: es necesario evaluar si la cantidad presente supone un riesgo real en una ración habitual.
Además, el análisis no se limita a contaminaciones homogéneas. También contempla situaciones más complejas, como la posible presencia de fragmentos visibles de alérgenos en un producto. En estos casos, incluso una pequeña partícula puede representar un riesgo significativo si supera la dosis de referencia.
Este tipo de evaluación permite tomar decisiones más ajustadas y responsables sobre cuándo es realmente necesario advertir al consumidor.
Un etiquetado más claro para el consumidor
Otro de los objetivos clave es mejorar la claridad del mensaje. Se busca evitar formulaciones ambiguas y promover advertencias comprensibles y útiles.
Un caso especialmente relevante es el del gluten. Un producto puede cumplir con la normativa de “sin gluten” y, sin embargo, no ser apto para personas con alergia al trigo. Por ello, se recomienda especificar claramente esta diferencia cuando sea necesario.
Este tipo de precisión es fundamental para que el consumidor pueda tomar decisiones informadas y seguras.
Beneficios para la industria y los consumidores
La implementación de este enfoque aporta ventajas claras:
- Mayor confianza en el etiquetado
- Reducción de advertencias innecesarias
- Mejor acceso a alimentos seguros para personas con alergias
- Unificación de criterios entre empresas y autoridades
Además, refuerza la importancia de las buenas prácticas de fabricación y los sistemas de control, como el APPCC, como primera línea de prevención.
Un reto compartido
Este nuevo marco plantea un reto conjunto. Para la industria, implica adoptar evaluaciones más rigurosas y basadas en datos. Para las autoridades, supone garantizar una aplicación coherente. Y para los consumidores, representa una oportunidad de contar con información más fiable.
En definitiva, se avanza hacia un modelo donde el etiquetado no solo informa, sino que realmente protege.
Fuente: aepnaa.org
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