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  • Antojos dulces o salados. ¿Una señal del estrés crónico?

Antojos dulces o salados. ¿Una señal del estrés crónico?

  • publicado por admin
  • Categorías Blog, Coaching, Herbolario, Salud Natural
  • Fecha 20 mayo, 2025
  • Comentarios 0 Comentarios

En el ejercicio clínico de las terapias naturales, los síntomas sutiles —como los antojos alimentarios— pueden ofrecer pistas valiosas sobre el estado funcional del organismo. Lejos de ser simples caprichos, los deseos intensos de consumir alimentos muy dulces o salados pueden indicar la presencia de un desequilibrio profundo: el estrés crónico. Así lo expone el fisioterapeuta y divulgador Antonio Valenzuela en una entrevista publicada por la revista CuerpoMente, en la que analiza cómo el organismo utiliza estos mecanismos como vía de compensación fisiológica frente a la sobrecarga emocional y funcional.

El estrés crónico: un modo de supervivencia perpetuado

Valenzuela parte de una analogía tan sencilla como reveladora: vivir en un estado de estrés constante es como “conducir un coche sin cambiar de primera y pisando el acelerador al máximo”. Y es que, desde la perspectiva de la salud natural, sabemos que el estrés, cuando se vuelve crónico, altera numerosos sistemas. Entre sus principales efectos encontramos:

  • Sobreactivación del sistema nervioso simpático.
  • Hiperproducción de cortisol y adrenalina.
  • Disminución del tono vagal (función parasimpática).
  • Alteración de ritmos circadianos y digestivos.
  • Cambios en los patrones de conducta alimentaria.

Estas alteraciones, si se sostienen en el tiempo, no solo agotan las reservas fisiológicas del cuerpo, sino que también debilitan sus sistemas de autorregulación, provocando síntomas multisistémicos. Entre ellos: fatiga persistente, insomnio, ansiedad, dolores difusos y, como apunta Valenzuela, una señal llamativa aunque frecuentemente ignorada: los antojos.

Antojos como mensajeros del desequilibrio

Antonio Valenzuela explica que los antojos de alimentos ultradulces o salados no surgen porque el cuerpo “tenga hambre” en el sentido clásico, sino porque busca una respuesta rápida para contrarrestar el estrés. “El cuerpo está buscando una forma rápida de recuperar el equilibrio”, afirma, y para ello recurre a fuentes inmediatas de placer y energía.

En términos bioquímicos, estos antojos están relacionados con:

  • Desequilibrio en neurotransmisores: especialmente dopamina y serotonina, que afectan el estado de ánimo y la motivación.
  • Hipoglucemias funcionales: generadas por alteraciones en la regulación de la glucosa, comunes en estados de estrés crónico.
  • Agotamiento suprarrenal: una sobrecarga del eje hipotálamo-hipófisis-suprarrenal (HHS) que conlleva una “búsqueda desesperada” de estímulo o recompensa.

La necesidad de consumir dulces o salados se convierte entonces en un síntoma compensatorio: un intento biológico —aunque poco sostenible— de restablecer un equilibrio perdido.

Marcadores somáticos del estrés crónico

Uno de los aspectos más interesantes de la entrevista en CuerpoMente es la mención a los “marcadores somáticos”, un concepto tomado del neurocientífico Antonio Damasio. Estos marcadores son señales físicas que actúan como indicadores de un estado emocional subyacente. Reconocerlos puede ser especialmente útil en la consulta naturopática o integrativa, donde el abordaje del paciente se realiza de forma global.

Algunos de los marcadores somáticos más comunes que Valenzuela menciona incluyen:

  • Tensión mandibular, cervical o lumbar persistente.
  • Trastornos del sueño (dificultad para conciliar o mantener el sueño).
  • Respiración superficial o entrecortada.
  • Síntomas digestivos funcionales (hinchazón, pesadez, estreñimiento).
  • Irritabilidad o apatía emocional.
  • Calambres musculares sin causa física evidente.

Para los profesionales de la salud natural, identificar estos marcadores puede ser clave para establecer un enfoque terapéutico eficaz, antes incluso de que se manifiesten enfermedades crónicas o más evidentes.

Alimentación emocional: ¿fisiología o hábito?

Una pregunta recurrente es si estos antojos son simples hábitos aprendidos o si responden a mecanismos fisiológicos profundos. La respuesta, desde un enfoque integrativo, es que se trata de ambos.

En situaciones de estrés continuado, el sistema límbico y las áreas cerebrales implicadas en la recompensa (como el núcleo accumbens) promueven conductas de búsqueda de placer inmediato. Esta respuesta, útil en escenarios de emergencia, se convierte en disfuncional cuando se cronifica, especialmente si está reforzada por alimentos diseñados para maximizar el estímulo (azúcares refinados, potenciadores del sabor, grasas trans, etc.).

Así, el deseo constante de alimentos hiperdulces o hipersalados se convierte en un círculo vicioso:

  1. El cuerpo percibe amenaza o sobrecarga.
  2. Se activa el sistema de estrés.
  3. El cerebro solicita una recompensa inmediata.
  4. Se consumen alimentos altamente palatables.
  5. Se obtiene alivio momentáneo, pero el problema de base persiste.
  6. El circuito se repite y refuerza.

Comprender este circuito ayuda a los profesionales a ofrecer herramientas más allá de la restricción alimentaria: educación emocional, trabajo respiratorio, mejora del sueño, fitoterapia adaptógena, y otras estrategias de autorregulación.

Enfoques terapéuticos para romper el ciclo

Desde la visión de Antonio Valenzuela, y coincidiendo con los principios de la salud integrativa, romper este patrón requiere intervenir en varios niveles:

1. Regulación del sistema nervioso autónomo

  • Respiración diafragmática: Técnicas como la coherencia cardíaca o la respiración 4-7-8 pueden activar el nervio vago.
  • Estimulación vagal: Incluye exposición al agua fría, gárgaras, o la práctica del canto.
  • Yoga y meditación: Ambas prácticas reducen la actividad del eje HHS y promueven neuroplasticidad favorable.

2. Alimentación consciente y funcional

  • Incluir alimentos ricos en triptófano (plátano, semillas de calabaza, avena).
  • Aumentar el consumo de omega 3, magnesio y vitamina B6, claves para la síntesis de neurotransmisores.
  • Evitar picos glucémicos mediante comidas balanceadas y regulares.

3. Movimiento físico adaptado

  • El ejercicio regular modula el sistema endocrino y estimula la producción de endorfinas y dopamina, ayudando a reducir la necesidad de buscar placer en la comida.

4. Fitoterapia y micronutrición

  • Adaptógenos como la ashwagandha, la rhodiola o la schisandra pueden apoyar la función suprarrenal.
  • Micronutrientes como magnesio, zinc y L-teanina ayudan a restaurar el equilibrio neuroendocrino.

El rol del profesional en salud natural

El abordaje de los antojos como manifestaciones de un estrés crónico debe ir más allá del síntoma. Requiere una escucha activa del paciente, una comprensión de su contexto de vida y un acompañamiento sostenido en su camino hacia la autorregulación.

En sus palabras, Antonio deja entrever la importancia de esta mirada integradora. Así, no habla simplemente de síntomas, sino de un estilo de vida que se ha desalineado con las necesidades reales del organismo. Por eso, más que eliminar los antojos, se trata de comprender qué los provoca y qué mensaje traen consigo.

Los antojos intensos de comida dulce o salada no son un fallo de voluntad, sino una señal de que el cuerpo está intentando sobrevivir en un contexto de estrés sostenido. Tal como expone Antonio Valenzuela en su entrevista, el cuerpo humano es sabio y busca siempre adaptarse. El reto para los profesionales de la salud natural es ofrecer las herramientas adecuadas para que esa adaptación no dependa de recursos de corto plazo como los alimentos ultraprocesados, sino de estrategias sostenibles que devuelvan el equilibrio al sistema.

 

Etiqueta:#alimentacion, #estres, #salud, #sistemanervioso, #sueño, saludnatural

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